La Resistencia muestra con toda crudeza el sadismo, la locura criminal y el genocidio de los nazis en un punto que conmueve: contra los miembros de la resistencia francesa y, de manera cruel, contra los niños judíos.
Ante un nuevo aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, vale sacar del archivo a esta muy buena película como para reafirmar un “Nunca Más” a los genocidios.
La historia se basa en dos personajes reales: el joven miembro de la resistencia Marcel Marceau, que luego se constituiría en el más famoso mimo mundial. Pero en este tramo de su vida se compromete a riesgo de vida para sacar de a zona ocupada por los nazis a ciertos de niños judíos para oponerlos a salvo en la Francia Libre.
La otra cara de a moneda es un joven teniente nazi que comanda la Gestapo en Lyon y tortura y mata con total saña. Klaus Barbie, conocido como El Carnicero de Lyon, que fuera capturado en Bolivia con documentos falsos y gozó de años de impunidad con apoyo de dictadores de ese país y de Perú. En 1982 un gobierno democrático lo extraditó a Francia en donde fue condenado a perpetua, pero murió en 1991 de leucemia.
En la recreación, la película va detallando la cacería nazi a judíos y a la resistencia, que opera pasando las líneas alemanas para salvar vidas.

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