Como es usual el DT es el primer fusible que salta cuando se consuma el fracaso futbolístico y Marcelo Bielsa no es la excepción. En un contexto de conflicto permanente en el plantel y del técnico con los “referentes” venía asomando pistas que nada bueno podía pasar con los orientales en la Copa 2026 antes de consumarse la vergonzosa eliminación de Uruguay
Y lo que podía ocurrir, para desgracia de la celeste…ocurrió.
Claro que Bielsa tiene sus culpas y sus responsabilidades, pero el destino del fútbol uruguayo ya estaba condenado desde mucho antes. Desde el momento en que los dirigentes decidieron adoptar el modelo de Sociedad Anónima Deportiva (SAD) y entregar los clubes a capitales privados que solo buscan el negocio lucrativo.
Un claro ejemplo es el de Rampla Juniors, alguna vez llamado “el tercer grande”, pero que en las ultimas décadas transitó un sube y baja, llegando a acumular siete descensos.
Y los socios “compraron” el modelo SAD en 2024 entregando estadio, jugadores e historia a un grupo estadounidense liderado por Foster Gillett y con asistencia de Guillermo Tofoni, dos conocidos el fútbol argentino por sus incursiones en Boca, Estudiantes y Vélez. Hoy Rampla Junior, ante la huida de Gillett, no solo está quebrado sino que por primera vez en su historia descendió a la Tercera División. Fin del sueño.
El gran tema de las SAD es que terminan siendo un saqueo en sudamérica. Seguramente en europa, por las férreas legislaciones de la UEFA, son muy prolijos hasta para respetar el “fair play” económico. En las pampas gauchas, en cambio, caen al saqueo de los mejores jugadores debilitando el poderío de los seleccionados.
No debe ser casual que Argentina siga siendo top a nivel Mundial. Los clubes rechazaron ser SAD. Es cierto que la enorme mayoría de sus jugadores están en el exterior, pero se formaron en un “modelo de fútbol” que arranca en clubes de barrio hasta la consagración y que, además, los “marca” con una identidad de pertenencia y con el orgullo de jugar en la selección.
Tampoco es casual que consagrados como Otamendi, Di María, Paredes o Montiel, por citar algunos ejemplos, vuelven a Argentina. No es por plata, es por sus sentido de pertenencia.
Lamentablemente Uruguay, por plata, rifó toda su gloria. Incluso algunos de sus crack parecía que jugaban “para cumplir” y punto. Pareció…
En un modelo de fútbol empobrecido y a merced de los inversores externos, a Uruguay dolorosamente le seguirá yendo mal. Por eso los clubes y la AUF deberían plantearse que además de cambiar de técnico deberían debatir cambiar el modelo de organización de su balompié, para que vuelva el amor a la celeste, el orgullo de su rica historia y la famosa “garra” que siempre los caracterizó.

Leave a Reply