A 60 años del partido en que los ingleses nos robaron, incluyendo la expulsión de Rattín, y del Mundial que se robaron con un gol que no fue; a 40 años de “la mano de D10S y el gol eterno, volvemos a chocar con Inglaterra. Y le vamos a ganar.
Es muy cierto que en los últimos tres partidos el conjunto de Scaloni desmejoró su rendimiento colectivo y también de algunas individualidades como De Paul, la dupla de goleadores Alvárez-Lautaro y hasta el Dibu dejó algunas dudas sobre su aura de imbatible.
Y era lógico y calculable que con el enorme desgasta de la sucesión de partidos (Cabo Verde, Egipto y Suiza) el “viejo” Messi mermara sus aportes.
Pero precisamente en esas debilidades, surgió la fortaleza fútbolística y anímica de estos muchachos que se formaron, casi todos, en los potreros, en los clubes de barrio, en instituciones de la Liga hasta saltar al exterior como figuras consagradas. Tienen ese ADN que los hace valorables en todo el planeta.
Frente a los suizos se vio claramente. El Dibu volvió a ser enorme y gravitante; la Araña hizo un golazo y Lautaro selló el 3 a 1 para no discutir más.
Cuando el conjunto bajaba su rendimiento, aparecieron los que tenían que aparecer.
Esa característica y la fortaleza anímica para no bajar los brazos es ese toque extra de los argentinos.
Se vienen los “piratas” que tienen un equipo sólido, con Bellingham y Harry Kane como figuras, y además parejo en todas sus líneas. Presiento que no les va a servir de nada. Porque los argentinos dan la vida en cada pelota y ese plus va a ser desequilibrante.

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